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Si las cucarachas pudiesen hablar, podrían contar parte de la historia de la tierra: aparecieron hace unos 400 millones de años, caminaron entre las patas de los dinosaurios,
son más resistentes que el tiburón y sobrevivieron a las bombas de hidrógeno que destruyeron Hiroshima y Nagashaki durante la II Guerra Mundial.
Las cucarachas tienen una asombrosa capacidad de adaptación a los diversos ambientes. Su cuerpo esta cubierto por numerosos pelos que actúan como sensores que les permiten saber que esta ocurriendo en los alrededores, advertir los peligros y esconderse entre las sombras puesto que no les gusta la luz, por ello habitan en sitios oscuros, calidos, húmedos y poco ventilados como los armarios, detrás de los zócalos, bajo los entarimados, en los motores de los electrodomésticos y desagües.
Se calcula que sobre el planeta hay 3.500 especies de
cucarachas, de las cuales solo un pequeño número viven en los domicilios y edificios; el resto habita en los bosques. Las especies más comunes en los hogares de España son: Periplaneta americana conocida como la
cucaracha americana,
Blatta orientallis conocida como la cucaracha
negra o comun
y Blattella germanica, la cucaracha
alemana.
A pesar de que se tiene a la cucaracha como un insecto nocivo y peligroso por las enfermedades que transmite, en realidad
las especies silvestres cumplen una función positiva incorporando nutrientes en el medio ambiente, pues
consumen materia orgánica y sus desechos sirven como
fuente de alimentación a organismos microscópicos que se encargan a su vez de convertirla en humus (asimilable por las raíces de los árboles). También son parte de la cadena alimenticia, ya que existen otros animales como insectos, aves, reptiles y mamíferos que se alimentan de las cucarachas.
No obstante, en las casas son seres nefastos e indicadores de malas condiciones
sanitarias. Rondan por los basureros, desagües y tanques sépticos y si sienten hambre, se acercan a la cocina donde están los alimentos. En estos viajes contaminan alimentos o bien utensilios de cocina y es por ello que se les liga a la transmisión de un gran número de enfermedades como
salmonelosis, cólera… causadas por microorganismos presentes en la materia fecal.
El mejor método para controlar las cucarachas es la limpieza
extrema, especialmente en aseos y cocinas.
Como son insectos de hábitos nocturnos, no es conveniente dejar platos sucios de un día para otro y cuidar de que no queden restos de alimentos. Asimismo, se recomienda mantener los
basureros con la tapa, la colocación de mallas en los desagües para evitar el paso hacia las viviendas
y aplicaciones profesionales de biocidas de forma
periódica. |